El otro día llegó un amigo a casa, habíamos quedado para hablar de un proyecto. Entró por la puerta y yo, con mi habitual metralleta verbal, comencé a disparar ideas y conceptos, sólo para detenerme breves instantes después al notar su agitado respirar y preocupada expresión. Acababa de hacer algo. Algo que perturbaba su sueño hace varias jornadas, una idea que nació pura y casta en la lucidez del día… una idea que creció oscura y peligrosa en el insomnio de la noche. El último paso en una serie de simples pero bien pensados movimientos que coqueteaban con lo criminal….
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