
Uno de los objetivos de Louise Trotter en Bottega Veneta es rearticular la conversación que la casa italiana ha mantenido durante toda su historia con el mundo del arte. Un puñado de meses después de su nombramiento presenta la primera pieza de lo que será un proyecto en constante evolución, Bottega Veneta for the Arts, una serie de colaboraciones con creadores contemporáneos a los que se les encargará responder al legado de la casa – y a su relación con su ciudad de origen, Venecia – desde sus propias disciplinas. Es un formato interesante porque no se agota en una campaña, sino que permite despertar un diálogo que se sostenga en el tiempo a través de diferentes entregas que, en su total, compondrán una especie de «archivo vivo» de la firma.
El primer invitado es Peter Fraser, fotógrafo galés y una de las figuras más respetadas en su disciplina a nivel europeo. Fraser se formó con la New Color Photography americana, con Stephen Shore y William Eggleston como referencias cercanas, y ha ido construyendo una obra más que interesante durante cuatro décadas de trabajo. El galés ha recibido libertad absoluta para relacionarse con Bottega Veneta y ha escogido hacerlo a través de la colección debut de Trotter, la correspondiente a Verano 2026. La serie que resulta de esto son 27 imágenes tomadas en el Veneto, alternando micro y macro para retratar la ciudad alejada del cliché y buscando devolver algo similar a la experiencia real de recorrerla despacio.
