
La idea que articula toda la nueva colección de Louise Trotter para Bottega Veneta es sencilla: entender la estructura como una forma que protege pero sin endurecer. Sobre la pasarela de Milán desfilaron siluetas precisas, casi austeras, que se curvaban para abrazar el cuerpo en ese doble acto – el íntimo y el social – que es el vestirse.
Esa dualidad atraviesa todas las prendas, esa idea de la puesta el escena con la que Bottega Veneta puede desplegar con soltura su maestría en la artesanía: juegos de texturas en piel sobre piel, sedas trabajadas para imitar el pelo, relieves orgánicos, punto y fibras técnicas superponiéndose en capas exteriores.
Toda una declaración colectiva entre el corazón, la mente y la mano que solo Bottega Veneta puede ejecutar a este nivel.
