El legado de DMX: infinitas luces y numerosas sombras

2021 ha hecho honor a su fama de mal chiste que se alarga demasiado y nos deja otra noticia que lamentar: el fallecimiento de DMX el 9 de abril tras unas semanas de rumorología y anticipaciones. Para alguien que conecta más con la leyenda que con el artista, escribir un texto de estas características es un atrevimiento o un tributo necesario, según se mire. 

Nacido como Earl Simmons, su historia podría ser la de cualquier otro niño negro de los projects. Pero nada alrededor del de Yonkers fue común. Ignorado por su padre (un artista plástico que combinó su pasión por su profesión con periodos en los que llegó a vivir en la calle) y con una relación muy complicada con su madre (que como el propio DMX detalló minuciosamente en su autobiografía le propinaba generosas palizas), Earl era apodado como Crazy Earl por la fama que le perseguía. Extremadamente inteligente, su madre no le dejaba a él y a su hermana Bonita salir a jugar a la calle, lo que le sirvió para granjearse el estatus de rarito. En el colegio comenzó a comportarse con agresividad (motivado por el aburrimiento y por su complicada relación maternal), lo que le serviría para entrar a formar parte del “sistema” y saltar de centro de acogida en centro de acogida desde los diez años.

A mediados de los 80, Earl descubrió dos cosas: la caja de ritmos de la que robaría su alias y que no era solo motes lo que le gustaba coger prestado. Al mismo tiempo que encontraba en los perros un aliado y mejores amigos, empezó a comprobar en primera persona que los atracos eran una fuente de ingresos fácil y suculenta. Lamentablemente, por aquella época también comenzó a experimentar con drogas como el crack, que supondrían su perdición y una constante que marcaría el resto de su vida.

La public persona de DMX en ocasiones nos hace olvidar su grandeza musical. En ocasiones citado como una especie de 2Pac (Earl suplió el vacío que el californiano dejó tras su muerte), lo cierto es que pocos pueden presumir de su éxito comercial. O quizás ninguno. Sus primeros cinco álbumes debutaron en el número uno del ranking Billboard 200, y su sexta referencia se quedó muy cerca de repetir gesta, algo que ningún otro artista ha logrado hasta el momento. 

El apodado Dark Man X supo combinar la crudeza de la tradición de Nueva York con una honestidad brutal (que a veces se traducía en temas tremendamente personales y, otras veces, en pasadas de frenada), pero enmarcado en sonidos más universales que hacían de la fórmula DMX algo más universal. Música para llevar en el coche (o haciendo wheelies en un quad o una dirt bike) y para sonar en el club. 

No dejemos que el éxito comercial de DMX durante finales de los 90 y mediados de los 2000 nos impida ver el bosque. La grandeza de Simmons (como curiosidad, en una entrevista con GQ, X afirmaba que antes de dedicarse a la música tenía la esperanza de conocer a Russell Simmons, cofundador de Def Jam y conectar con él por compartir apellido) radica en todo lo que alcanzó a mayores. Icono estético, actor y promotor de artistas.

Su participación en la idolatrada “Belly” (Hype Williams, 1988) o en “Romeo Must Die” (Andrzej Bartkowiak, 2000), en la que compartió espacio con Aaliyah (y con la que le unió una gran amistad), ensancharon la leyenda de Earl Simmons. Participaría en más títulos, tanto en la pequeña como la gran pantalla, con actuaciones de peso como la que firmaría en “Never Die Alone” (2004). Si a esto le sumamos icónicas intervenciones como el poema Industry, recitado en la Def Jam Poetry de 2007, el resultado obtenido es un artista de gran profundidad y multifacético. En la época actual, en la que tendemos a reducir al absurdo y otorgar la categoría de meme a todo lo que se escape de lo convencional, DMX demostró que era un personaje mucho más complejo (por la riqueza de sus matices) de lo que podríamos pensar por sus intervenciones de los últimos años.

 

@momosettPrayers up for DMX 🙏🏽 ##dmx ##pray ##prayer ##church ##sundayservice ##kanyewest ##yeezy ##kanye ##fyp ##coachella ##ruffryder ##christ ##jesus ##amen ##live ##fest♬ Ruff Ryders’ Anthem (Re-Recorded / Remastered) – DMX

 

En ocasiones maltratado por los medios (como su intervención en “Iyanla, Fix My Life”, el show emitido en la cadena de Oprah en el que salían a relucir problemas tremendamente personales como la relación rota con su hijo o sus más y sus menos con las adicciones), en los últimos dos años DMX había recuperado el cariño popular. Ya se tratase de su intervención en un Sunday Service de Kanye West o su mítico Verzuz junto a Snoop Dogg, o el esfuerzo de Swizz Beatz por volver a poner el foco en el de Yonkers (esfuerzos que, por otra parte, son consecuencia de que DMX jugase un rol importantísimo en la carrera del productor en sus inicios). Y es que algo que también debe ser destacado si hacemos un perfil del malogrado artista, es que DMX fue ante todo un artista generoso. Especialmente en lo relativo a la promoción de Ruff Ryders, el sello-colectivo del que formó parte junto a nombres como Eve, Cassidy, Jadakiss y Styles P.

La leyenda de DMX también puede presumir de contar entre sus logros con el de ser parte de ese listado de supergrupos que nunca llegaron a ser. Y es que muchos hip hop heads lamentan el que Murder Inc., el conato de trío formado por Jay-Z, Ja Rule y X y que llegaron a protagonizar una portada mítica en la publicación XXL, jamás llegase a materializar el disco que prometieron. 

Habiendo alojado en su armario más de 1.500 pares de Timberland como él mismo afirmó, X también es culpable de haber sido un icono en lo relativo a su impacto en la estética. Jugando en la misma liga que nombres como Prodigy, ha influenciado a toda una generación y posteriores corrientes con esa actitud de no preocuparse demasiado por lo que llevaba puesto. El icono estético de una época que no volverá.

DMX fue un artista con infinitas luces y también numerosas sombras. Perseguido por el sistema policial y judicial, marcado por relaciones tormentosas en lo personal y con una familia que alcanza los 15 hijos, siendo protagonista de momentos míticos (como su actuación en Woodstock) y noticias tristes (como su batalla constante con las drogas o las tres veces que se declaró en bancarrota). Al apagarse la luz de DMX cae también, posiblemente, el telón sobre una época que no volverá. El de la honestidad brutal, pero también una forma de entender el estatus del artista y su relación con un tipo de masculinidad que no podemos calificar como camino a seguir. Pero que fue, sin duda, el resultado de un contexto de opresión económica, social, racial y cultural. 

En definitiva: DMX fue esa leyenda que no nos merecíamos, pero necesitábamos.

Al Sobrino