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Entre el dinero y el arte

Publicado por el 28/10/2019 en Artículos

 

La moda, como cualquier otra disciplina artística en la época contemporánea, vive bajo el juicio social constante que pretende determinar su valor real. El arte en general ha pasado a ser abstracto en muchas ocasiones, subjetivando aún más si cabe la interpretación de cada obra.

En la historia reciente del arte aparecen movimientos como el readymade, con La Fuente (1917) de Duchamp o el surrealismo con artistas como Dalí, que cambian la forma de entender cualquier creación e, incluso, generan el debate sobre qué debe ser considerado arte.

En este contexto, el propio Dalí es “juzgado” por el poeta André Bretón en Ávida Dollars, donde le expulsa del movimiento surrealista por comercializar su arte. Esa delgada línea entre el dinero y el arte es cada vez más fina.

De hecho, la línea muchas veces se cruza porque para ser artista se necesita dinero y para generar dinero se necesita ser artista. Los artistas no solo necesitan crear obras que el público considere arte sino, a su vez, alimentar su figura de tal forma que todas sus obras sean consideradas arte. El branding es clave para conseguir un éxito prolongado en el tiempo.

 

 

En el caso de la moda, se puede observar de manera bastante clara este fenómeno. Firmas como Gucci, Balenciaga o Louis Vuitton venden calcetines, camisetas y llaveros a un precio desorbitado para generar unos ingresos que les permitan verdaderamente crear arte a través de las piezas que aparecen en las pasarelas dos veces al año.

Es un ciclo que va dando saltos a ambos lados de la línea con el objetivo de perdurar en el tiempo. Las piezas vagas en diseño que aprovechan el nombre de la firma reputada son una forma de financiación para las más complejas.

Estas últimas prendas, que conllevan un proceso artístico extenso, seguramente sigan teniendo un precio demasiado elevado para la mayoría. Esto suele ocurrir ya que no se tiene en cuenta la creatividad a la hora de juzgar. Es decir, si el precio se basa únicamente en los materiales y en el tiempo que se tarda en coser, obviamente el precio es injustificable.

Sin embargo, lo que genera tal precio es la creatividad, el factor más determinante a la hora de crear una obra de arte. Como sucede muchas veces, una vez vista la prenda es muy fácil caer en el pensamiento de “eso lo hago yo”, sin embargo, no has sido capaz de pensarlo antes que nadie.

 

Raf Simons vs Zara

 

De esta forma, las tiendas fast fashion pueden ofrecer productos tan baratos. No solo ahorran en cuanto a la calidad de los materiales o mano de obra, sino también ahorran en cuanto al proceso creativo.

En cuanto a marcas como Supreme, el análisis quizá resulte algo más complejo debido a que se encuentran en un término medio. Dependiendo de los diseños pueden ser originales o no, aunque en cualquier caso se agotará. Su marca predomina por encima de todo y ha conseguido crear una fidelidad inigualable.

Pese a todo, el arte es subjetivo y cada individuo está sujeto a su propia opinión sobre qué es el arte y cuánto está dispuesto a pagar por él. Pero es innegable que arte y dinero viven conectados de una manera u otra, y que seguirán generando debate entre artistas y público siempre que siga existiendo el dinero, y siempre que siga existiendo el arte.

 

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Pablo Picasso