Mirar fijamente al presente hasta que empiece a devolver respuestas incómodas. Ese ha sido el punto de partida de IMÁGENES, el nuevo proyecto de Román de Lorenzo y Felipe Escudero que se expondrá durante esta Semana del Diseño de Milán y que plantea un retorno a la creación primordial, a un momento anterior al lenguaje en el que los objetos eran capaces de contener dentro de sí mismos toda una intuición completa del mundo.

El planteamiento conceptual es ambicioso: a medida que la práctica artística va conquistando nuevas disciplinas – la moda, la arquitectura, la tecnología – comienzan a aparecer estructuras más rígidas que la condicionan – el método, la función, la estética heredada, la eficiencia. Queda atrás esa necesidad de crear símbolos que conectan con lo que no se ve pero que sostienen todo lo demás. IMÁGENES es la vuelta a ese núcleo.

Las siete piezas que conforman la obra funcionan de forma autónoma pero también cumplen una función dentro de un sistema que busca hablar de cuestiones como la farmacultura, la ciberseguridad o la gestión de la consciencia.

Encontramos piezas como el Wonder Cabinet, con una forma de envase al vacío que se detiene en plena contracción, una suerte de gabiente de curiosidades renacentista actualizado al siglo XXI. La chaise-longue se apropia del lenguaje de Le Corbusier y lo desplaza, resistiendo la ergonomía para interrumpir el estado pasivo tan asociado al consumo dentro de entornos digitales y devolviendo al cuerpo una relación más consciente con la postura, con la quietud.

El Critical Tap se puede leer como un jarrón, como un frasco de perfume o como un objeto meramente decorativo. La función original es secundaria, desplazando toda la atención a la superficie. La False Security Key reflexiona sobre la ciberseguridad a través del elemento más antiguo , la llave, pero que en este caso no protege ni abre nada sino que solo sostiene una función psicológica: tranquilizar sin defender.

La Blister Table convierte un blíster farmacéutico en una mesa de centro, hablando de la dependencia de sistemas que regulan las emociones o el dolor desde una óptica productivista y, por último, el Plastic SIlverware unifica un cuchillo, un tenedor y una jeringuilla convirtiendo al elemento que reemplaza la necesidad misma de alimentarse en una herramienta para ese mismo ritual.

Cada pieza busca eliminar lo innecesario hasta que queda algo que, en su pequeña escala, alberga la posibilidad de algo mayor. IMÁGENES se deja ver despacio, en silencio