Japan Punch (Issue 004): Japón y el outdoorism

by Al Sobrino
Japan Punch es una serie inspirada en todo lo que Japón ha inspirado. Moda, cultura, estilo de vida, tendencias, tradición. Lo que sea necesario. Un viaje cultural y digital hasta y por el país Nippon.

 

Hablar de Japón es hablar de outdoorism. La influencia de la ropa dirigida a la realización de actividades al aire libre ha sido una constante desde, prácticamente, la década de los 70. Aunque algunos podrían pensar que la presencia de marcas como The North Face o Arc’teryx no es exclusiva del país insular, lo cierto es que se nos ocurren pocas geografías en las que sus habitantes hayan abrazado con la misma pasión este tipo de prendas. Tanto, que en Japón el Goretex, más que un textil, podría definirse como un estilo de vida.

Aunque algunas fuentes enraizan esta tendencia junto a la propia idiosincrasia japonesa y movimientos religiosos como el sintoísmo o la relación con la naturaleza y la deidad, lo cierto es que sus orígenes son un poco más mundanos. Como la mayoría de tendencias nos debemos retrotraer al Japón de posguerra. En este contexto, nos encontramos con una isla en proceso de búsqueda y reconstrucción de su identidad, adopción de nuevos patrones y reinterpretación de los mismos. De la misma forma que sucedió con el denim, los japoneses encontraron en el producto enfocado con los deportes de montaña el contrapunto perfecto a los años más maximalistas que se produjeron tras la adopción de la estética Ivy League

De hecho, los 70 vieron nacer en Japón dos tendencias que, todavía hoy, siguen vigentes. Por un lado, la ropa de outdoors y, por otro, la irrupción del formato catálogo en lo referente a revistas, que todavía hoy sigue siendo uno de los rasgos característicos de la industria periodística japonesa. Así, la publicación del Whole Earth Catalogue a finales de los 60 en Estados Unidos (una especie de fanzine que servía como panfleto contracultural y catálogo de productos) supuso una revolución en Japón. Cuando los fashionistas japoneses echaron el lazo a esta revista cambió su foco tanto en forma como en fondo. A partir de entonces la ropa táctica y el formato catálogo aplicado a todo lo relativo a revistas de moda debían ser estándares a tomar en cuenta.

Quizás por tratarse de un trozo de tierra en la que la naturaleza es un elemento completamente presente en el día a día (no por casualidad el Monte Fuji es una de las grandes obras naturales que nos vendrían a la cabeza, y la tradición oral dice que todo japonés sabio subirá a su cima al menos una vez en la vida), la irrupción de marcas técnicas no se limitó a una mera traslación del movimiento hippy que estaba teniendo lugar en Estados Unidos por aquel entonces. De hecho, una de las firmas más emblemáticas, Snow Peak, surgió en 1958, unos cuantos años antes del movimiento naturista, como marca familiar de material para la montaña. Aunque hasta 1999 no se introdujo en el mercado estadounidense, por ejemplo, esto no es óbice para ser una de las firmas más destacadas de este segmento de mercado.

Para entender el desarrollo de la corriente outdoors es también necesario entender la realidad de Tokio como ciudad y Japón desde un punto de vista geográfico. Urbe de grandes dimensiones en un país en el que el clima puede llegar a ser extremo (calor húmedo en verano, frío y nevadas en invierno), no es extraño que la bicicleta, por ejemplo, sea un medio de transporte común entre la población nipona. Así, es necesario contar con elementos textiles que ayuden a combatir las inclemencias meteorológicas. Si a esto le sumamos la querencia japonesa por marcas como, por ejemplo, L.L. Bean o Patagonia, y el desarrollo de la tendencia Heavy Duty, acabamos por encontrarnos con una subcultura basada en el interés en la ropa técnica.

Precisamente L.L. Bean ha sido citado en ocasiones (como en este artículo de Highsnobiety) como culpable principal y primigenio del desarrollo de la estética outdoors en Japón. Yasuhiko Kobayashi, ilustrador de la publicación Men’s Club, estaba obsesionado por la contracultura estadounidense y británica y fue una especie de nexo de unión entre la corriente Ivy y la posterior estética, que denominó como Heavy Duty. Y L.L. Bean materializó a la perfección la querencia del japonés por este tipo de ropa. De hecho, suya es la autoría del libro ‘Heavy Duty Ivy’ en cuyas ilustraciones encontramos líneas que adelantan la corriente outdoors.

El desarrollo de la moda outdoors japonesa fue ligado, por un lado, a la aparición de marcas de rendimiento durante la década de los 70 y posteriores (como SOTO, Montbell o Isuka) y el crecimiento de la escena en Harajuku, que sirvió también como caldo de cultivo para esta estética y que se cristalizó a través de proyectos como visvim, NEIGHBORHOOD, The North Face Purple Label, nanamica o White Mountaineering. Sin embargo, la relación entre textil táctico y moda no se limita solo al país Nippon. Por ejemplo, proyectos como organiclab.zip (que comenzaron como una especie de moodboard instagramero y ya han evolucionado hacia una fase en Patreon) han captado a la perfección la esencia derivada del cruce entre exteriores y garments y son la actualización moderna del fenómeno del catálogo que comentamos previamente.

Como toda tendencia que comienza a masificarse, hoy el outdoorism comienza a tener un cierto sesgo negativo, especialmente desde que en 2017 la pieza publicada por Jason Chen para The Cut acuñase un nuevo término, el gorpcore, que -posiblemente- encapsule todo lo negativo de los modos y ciclos de consumo de la moda actuales aplicados al universo de lo técnico. No por casualidad, y perdón por citar de nuevo a Highsnobiety, el outdoors fue su gran tendencia de 2020.

En definitiva: una muestra más del impacto de Japón y sus subculturas en la moda global y en la forma en que nos vestimos todos en la actualidad.