
Las propuestas más recientes de Anthony Vaccarello para Saint Laurent van dando forma a un discurso sobre la retirada. El diseñador parece haber entendido que en un momento en el que todo el mundo hace aspavientos para llamar la atención en una industria muchas veces saturada, el gesto más seductor es apartarse a un lado. «Nadie está intentando seducirte. Lo que los hace seductores es que no necesitan hacerlo», dice en las notas de la nueva colección, en la que hace referencia a Marguerite Duras, a Tina Chow o a Tom Ripley.
En el armario de Saint Laurent todo esto se traduce en una eliminación de lo superfluo. La paleta de colores es sobria y se mueve entre el gris, el marrón, los tonos empolvados, el ocre o el beige, abandonando las estridencias a nivel cromático. La sastrería se reorganiza, con corte más alto, algún plisado aquí o allí pero trabajando desde la contención. Incluso cuando hace su aparición el oro, un recurso tradicionalmente barroco, lo hace incorporándose en la estructura funcional de una gabardina, obligando a cada elemento a que cumpla una función dentro de un sistema.
