El pasado jueves, La Harinera llenaba hasta el último asiento en la cuarta edición de Future of Fashion, el encuentro internacional con el que la Fundació del Disseny de la Comunitat Valenciana ponía el broche final al València Design Fest. El foco, más que necesario, puesto en cómo pasar del discurso a la acción en un momento en el que la moda y el diseño se replantean su propio futuro.
Mayte de la Iglesia – modelo, estilista, comunicadora y pionera de los blogs de moda hace más de 15 años – es la encargada de conducir la jornada, una serie de charlas y conversaciones que giran alrededor de una idea concreta: ya no vale con pensar el cambio, hay que hacerlo – y, a poder ser, lo antes posible.
Sònia Flotats – directora de Move! Moda en Movimiento y Ona Bascuñán, experta en sostenibilidad y ex-H&M – abrían fuego con un diálogo que buscaba dibujar el mapa actual de la industria. Una industria que se mueve más rápido de lo que puede pensarse, atrapada en una regulación incierta y en constante movimiento y con unos hábitos incompatibles con su propia sostenibilidad. Sobrevuela aquí la idea del diseño como el concepto clave en esta rearticulación de la industria para optimizar los procesos de fabricación, de reciclaje e incluso de trazabilidad.
Después subía al escenario Faustine Steinmetz, una diseñadora francesa que ha colaborado junto a Diesel o Balenciaga que ahora trabaja desde Valencia y que planteaba una de las charlas de la jornada. Sin dar rodeos, puso frente a los morros de todos los asistentes la situación crítica de la industria: sólo el 1% de la ropa de los contenedores se recicla; en países como Ghana, los desechos textiles sepultan poblaciones enteras; las grandes compañías – ya no sólo el fast-fashion, sino la industria en general – siguen produciendo a un ritmo que ni el planeta ni el mercado pueden sostener. Desde su posición, Steinmetz plantea un cambio profundo: comprar – y producir – menos, pensar – y trabajar – más en lo que se compra.
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Coral Adrados, Pepe Barguñó, Barb Bruno y Tania Pardo – de Blue Banana, Thinking Mu, Tiny Cottons y Jimenas, respectivamente – tomaron el escenario en el panel “Crecer, ¿con moderación?”, cuatro miradas diferentes desde cuatro coordenadas distintas dentro de la industria que compartían la forma en la que atacaban el tema de la sostenibilidad a diferentes escalas y desde diferentes perspectivas. Algunas ideas en común: la importancia capital de los principios dentro de una empresa, la importancia de un cambio de chip en la mente del consumidor (“mi objetivo no es que una persona tenga muchas prendas mías, sino que muchas personas tengan una prenda mía”, comentaba Barguñó) y una cierta ineficacia por parte de las instituciones a la hora de atacar el tema de la sostenibilidad.
Horacio González-Alemán tomaba el relevo con una presentación diferente pero necesaria. En “Ética en el ADN de una nueva marca” trazaba la forma en la que la conciencia social y ecológica se encuentra inserta en GOSPEL ESTUDIOS, una firma española que ha decidido ir contra la corriente desde sus oficinas, que conciben más bien como un taller abierto para compartir con cualquiera hasta estrategias prácticamente anti-comerciales en el proceso de venta – antes de comprar una de sus piezas debes esperar 30 segundos de forma obligatoria buscando aplacar las compras impulsivas – o las mismas prendas, que requieren un trabajo final por parte del cliente. Un acto de resistencia casi utópico pero más necesario que nunca.
Hayett Belarbi McCarthy cerraba la jornada en una entrevista conducida por Ane Guerra, una charla en la que se descubre una historia que encarna muchos de los temas discutidos durante el día: rendirse a una nueva vida más pausada en la que el éxito encuentra nuevos sinónimos que no tienen por qué estar relacionados con las cifras o los logros concretos. Algo alejada del mundo de la moda, McCarthy está centrada en disciplinas como el arte visual o la gastronomía, acercándose a estos mundos desde la curiosidad y la búsqueda de poner en valor lo colectivo frente al individual hiperproductivo e hiperconectado.
El público se levanta – nos levantamos – despacio y sale a la calle más esperanzado que al entrar, con alguna preocupación más pero sabiendo que es el cambio aún es posible y que es necesario bajar el ritmo y respirar. Todo sigue en el aire, pero hay un rumbo que tomar.
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