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Una nueva masculinidad

Publicado por el 23/12/2019 en Artículos

 

La moda siempre ha sido una herramienta de cambio cultural y social. Es algo inherente de este ámbito, está en su esencia. Son numerosas las colecciones que a lo largo de la historia han causado gran revuelo, llenando portadas y siendo sometidas a un duro juicio de la opinión pública.

El género de la ropa ha sido un tema controvertido en ocasiones. Si bien es cierto que creativos transgresores han experimentado, bordeado y cruzado los límites preconcebidos, creando prendas sin género, a nivel de calle se mantiene el tradicional “azul para chico, rosa para chica”. A pesar de que no se pueden comparar las creaciones de un diseñador con la ropa de bebé, este es un buen indicador de la visión de la realidad de una gran masa social. Por suerte, es ley de vida que llegue una nueva generación de padres que han crecido en un contexto completamente diferente al anterior.

 

 

Indudablemente las cosas han cambiado con los años: la sociedad es más aperturista, tolerante y empática, a pesar de que quede muchísimo trabajo pendiente en términos de concienciación. El activismo es una pieza fundamental en un organigrama con perspectivas de futuro y la alta costura siempre ha sido un medio a través del cual buscar la inclusividad, la autoexpresión y plantear nuevas realidades totalmente válidas.

Es por esto que una nueva generación de creativos con gran conciencia social está a la orden del día y, por supuesto, plasman sus ideas personales en su obra. A-COLD-WALL* o Palomo Spain son dos de las marcas que tratan de escribir unas nuevas fórmulas en las que la ropa trasciende más allá de la persona que la vista.

 

 

Aunque esta nueva remesa de profesionales haya irrumpido con fuerza, desde hace décadas se está tratando de romper los roles de género en la moda. La alta costura es pionera en este aspecto y figuras del calibre de Rick Owens o Vivienne Westwood cuentan a sus espaldas con una larga exploración de dicho ámbito. No se ve igual a un hombre con un vestido hoy en día que hace 15 o 20 años. Las hombreras, los corsés o las faldas forman parte del conjunto de elementos que se han enfocado al público masculino en las pasarelas.

 

 

Harry Styles o Jaden Smith son algunas de las personalidades que han dado que hablar con sus outfits, demostrando creatividad, atrevimiento y unos códigos de vestimenta alejados de ideas preconcebidas. Su visión tiene algunos puntos en común, pues estos dos jóvenes son conocidos por vestir con un estilo alejado del tradicional ​menswear.​ A ellos, entre otros, se les ha visto con transparencias, prendas de encaje o pedrería en numerosas ocasiones.

Eventos con tanta repercusión como la Met Gala fomentan la búsqueda de nuevos registros y aportan enfoques frescos y muy valiosos. Al ser referentes de tantísima gente, cuando los celebrities son transgresores respecto a sus outfits se abre una puerta y el gran público descubre un mundo de posibilidades. A pesar de esto, siempre es decisión del individuo hasta donde recorrer ese nuevo camino.

 

 

Por otro lado, alejándonos de la alta costura, el ‘genderless streetwear’ suele tender hacia una visión más tradicional de la ropa, acercando a la mujer a la ropa masculina, realzando la figura de la chica ‘tomboy’. Esto tiene mucho valor, pero mantiene al hombre en una posición de comodidad y confort ya que no le saca de las sudaderas, pantalones cargo o sneakers. Al fin y al cabo, las ventas masivas son la base del negocio y aparentemente es más fácil acercar a las mujeres a la comodidad que aportan prendas de este tipo que vestir a los hombres con siluetas femeninas.

Independientemente de la “comodidad” en la que se mueve el street, la tipología de ropa que la sociedad entiende que pueden llevar los hombres se ha dilatado enormemente. Que iconos de la cultura urbana actual muestren al mundo que se puede ir más allá del pack sudadera + vaqueros permite que se expanda nuestra concepción de lo que es –y será– el estilo masculino.

 

 

Cada vez es más común ver modelos andróginos, lo cual rompe las ideas sobre lo que es masculino y femenino, ya que por la vestimenta no se puede discernir. Esta moda sin género elimina todas las concepciones preestablecidas y el protagonismo recae sobre las colecciones en sí mismas, más allá de la persona que esté desfilando con ellas.

En conclusión, la moda está permitiendo que muy poco a poco se comiencen a derribar normas tan arraigadas socialmente como el concepto del género. Claramente este cambio ha de ser paulatino y con este sector como motor, de la mano de diseñadores, marcas y público. Aunque siga habiendo hombres que prefieran usar meggins en vez de leggins para hacer ejercicio, la nueva masculinidad es una realidad y ha llegado para quedarse.

 

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