El frío de diciembre es una forma bastante especial de poner las cosas en perspectiva. Y si es en los Alpes, la cosa mejora aún más.
Durante tres días nos trasladamos a las montañas de St. Anton am Arlberg, en Austria, para afrontar la recta final del año descubriendo de primera mano cómo se comporta el equipo de esquí de Columbia en la nieve y para comprobar una vez más que las experiencias que combinan movimiento y aprendizaje son de las más memorables del año.
El tono de la escapada ya estaba claro desde la llegada. Zúrich en diciembre parece un paisaje sacado de un cuento, un sitio del que no quitar los ojos durante el traslado de dos horas que nos dejó en el Columbia Chalet, la base de operaciones donde pudimos descansar del viaje y prepararnos para todo lo que estaba por venir en las siguientes jornadas.
Un primer almuerzo nos preparó para sumergirnos de pleno en la cultura local, seguida de una visita a una bodega antes de la presentación oficial de Columbia y un día que finalizó con una degustación de quesos.
El segundo día nos llevó directamente al corazón de la montaña. Las primeras bajadas nos hicieron sentir la nieve bajo los esquís y probar cómo reaccionaba el material de Columbia a cada momento. Una mañana con instructores con la que pudimos tener nuestras primeras sensaciones con el terreno y ganar confianza con el aire helado de los Alpes tiroleses sobre la cara. La comida también tuvo lugar en la nieve, un respiro necesario antes de regresar a nuestra base y terminar con un après-ski en Mooserwirt en el que estrechar lazos tras un día cansado en las pistas antes de la cena en el restaurante Museum.
Apurando el final, aprovechamos el tercer día para una última sesión de esquí, con mayor soltura ya, antes de la última comida juntos y el traslado a Zúrich para la despedida final. Unos días muy especiales para afrontar las fiestas, reconectando con la esencia de la montaña en un lugar de excepción y compartiendo momentos a través del movimiento que se nos quedarán grabados por bastante tiempo.