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En realidad, la verdadera magia de los perfumes se encuentra en la capacidad que tienen para transportarnos de golpe a otros lugares o a otros momentos. La nueva colección de Jil Sander va por aquí, entendiendo esa conexión íntima y difícil de explicar que tenemos con los olores y expandiendo su oferta con seis nuevas incorporaciones, todas definidas por el uso de aldehídos, una palabra con la que los más aficionados a la perfumería ya estarán familiarizados, unas moléculas sintéticas capaces de transformar esos recuerdos en un aroma concreto.
Jil Sander ha reunido a varios de los perfumistas internacionales del momento para crear estos seis aromas: Shiso, buscando capturar la sensación de un paseo a primera hora de la semana; Salt, que se sumerge directamente en el océano y en el salitre secándose sobre la piel; Lily, que nos lleva a la magia de una noche en Florencia; Sesame, aterciopelado y persistente; Mahogany, con toda la energía de un bosque tropical y Vanille, que saca el lado más oscuro y misterioso de la vainilla.
Para envolverlo la firma ha confiado en el talento del estudio Formafantasma para concebir un frasco de formas orgánicas y asimétricas que abrazan esas pequeñas imperfecciones que convierten a cada frasco en una pieza irrepetible.
