
A mediados de 2024, antes de abrir, Ana de Espona tiró abajo la barra del local que acababa de alquilar en el 242 del Carrer de Rosselló. Ese momento fue el que terminaría nombrando el propio local, Maldita Barra, que nacía con una idea muy clara pero algo difícil de explicar: un sitio que no se pareciera a un bar de toda la vida pero que, de alguna forma, se pareciese a uno. Dos años después, celebrando el segundo aniversario, organiza una celebración fuera de casa que explica bastante bien la forma en la que lo ha conseguido.


Maldita Barra se ha convertido en este tiempo en uno de esos lugares de Barcelona que sirven para todo: desayunos, brunch, café durante todo el día, una carta corta de platos para compartir inspirados – como no puede ser de otra forma – en el Mediterráneo pero con algún toque de Oriente Medio y, a partir de cierta hora, el vino que toma todo el protagonismo. Al fondo del local se encuentra la Maldita Gallery, un espacio que va cambiando de función durante la semana. Lo mismo hay una cena privada que una exposición. O un concierto acústico. O un encuentro.



Aunque el local es parte fundamental del proyecto, no consideran que sea su corazón. Así que decidieron celebrar dos años de historia presentando su nueva carta más allá de esas paredes. Concretamente en el Mas del Sord, una masía catalana que consideran parte fundamental de su historia y en la que pudieron presentar los platos que conforman la nueva carta del restaurante. Este evento fue la materialización de lo que buscan contar desde Maldita Barra: no es tan importante el sitio en el que uno se encuentra sino la forma en la que se siente uno, la esencia del sitio que no necesariamente está atada al espacio. Y se confirmó.





Desde Maldita Barra repiten una especie de mantra: todo lo que ves es lo que les mueve, y lo que no ves es que todavía no ha pasado. Así que si quieres comprobarlo, lo tienes en pleno Eixample barcelonés.