En una nave industrial del centro de Carabanchel, una de las mecas del arte contemporáneo madrileño, se levanta un espacio industrial de altos techos con más de una década de historia. Nave Oporto es un taller de trabajo, un espacio expositivo y también una casa temporal donde una agrupación de artistas trabajan sobre un lienzo compartido en el que desarrollar, y a veces entrelazar, sus diferentes proyectos.

“Es un espacio compartido, no un colectivo”, comenta FOD, un pintor y escultor murciano que, como muchos aquí, está constantemente en movimiento. En el momento en el que hablamos, FOD está preparándose para una residencia en la Academia de España en Roma.

FOD y algunos miembros del grupo fundador de Nave Oporto se conocieron precisamente en Roma, llevando a cabo una de estas residencias. De vuelta en Madrid, y tratando de encontrar una solución alternativa a los incómodos pisos compartidos que hasta ese momento utilizaban como estudios, se encontraron con este espacio que resolvía muchas de sus problemáticas.

La enorme estancia está dividida en cinco espacios diferentes, cada uno de ellos ocupado por dos artistas. Cada artista cuenta con un módulo que hace a las veces de tabique y de almacenamiento, un módulo móvil que transforma el espacio según van surgiendo necesidades: “Trabajamos de forma absolutamente individual, pero el espíritu de colaboración siempre está en el aire”. La flexibilidad de Nave Oporto permite sinergias inusuales: aunque cada módulo es personal, la proximidad genera una atmósfera de constante inspiración mutua.

A su lado, compartiendo el extremo oeste de Nave Oporto, nos encontramos con una Sonia Navarro inmersa en las diferentes exposiciones que tiene pendientes. Está terminando las preparaciones para una muestra en el Gallery Weekend de Lisboa, antes de coger un avión para exponer en un pueblo minero de Oviedo. A medio plazo, la esperadísima exposición en la sala de arte contemporáneo de la Comunidad de Madrid, la sala Alcalá 31.

El pasado año, Navarro se hizo con el primer puesto del Premio BMW de Pintura en su trigésimo octava edición gracias a su obra “Redes 1”. Su obra combina pintura y textil, una disciplina mayoritariamente trabajada por mujeres a lo largo de la historia y que no ha sido hasta hace poco que ha empezado a reclamar el sitio merecido en el mundo del arte. Para ella, el contraste entre su trabajo en estudios anteriores y aquí es profundo: “la vida del artista plástico es muy solitaria, y esto es todo lo contrario”.

Una de las últimas incorporaciones a la comunidad de Nave Oporto es Ignacio Barrios. Tras regresar de París y llevar a cabo una residencia de diez meses en el espacio, Barrios ha establecido su nuevo estudio en el mismo edificio, donde su próxima muestra de fotografía se encuentra dando sus primeros pasos.

Él mismo ha sido el encargado, además, de inaugurar un nuevo espacio expositivo dentro de la nave. Su última serie, sin título, explora la noción del peso y de la gravedad. “Hay esta idea de la la suspensión, de las cosas que están a punto de caer”, comenta sobre las imágenes que destacan por su tratamiento único del color, que aquí aparece retratado como si se tratase de un objeto. Su trabajo se encuentra en el cruce de la fotografía, la pintura y la escultura: el color como escultura, el misterio del espacio.

El próximo 16 de noviembre a las 19:00 se inaugura en el espacio expositivo de la nave la muestra Unvisual Contents, de Fernando Rodríguez Francisco de la Cal, un artista cubano que se encuentra en residencia en Nave Oporto.

En diciembre inaugurarán su próximo proyecto, “Muelle”, una programación de exposiciones que en la que invitará a sus artistas residentes a dialogar a través de su obra con creadores externos, sumando así otra capa de colaboración e intercambio a este rincón madrileño, un refugio artístico para una comunidad de individuos en constante evolución.

 

 

 

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Texto: Alber Montalvá
Fotografías: Menez