Autoretrato @romaniglesias
Hoy me enfrento al papel en blanco como me enfrenté a la cámara el primer día que empecé esta serie.
Tenía algo más de costumbre con las teclas que con la cámara pero realmente lo siento del mismo modo. Este proyecto por el que han pasado tantas caras amigas y algunas que descubrí el mismo día en el estudio me han ayudado a profundizar en el oficio, a entender la herramienta y, sobre todo, a perderme el respeto.
Enfrentarse a la creación como un todo complica la propia utilidad del medio. En el proceso de iluminación, dirección visual, edición, retoque y color alteramos la realidad hasta un punto que, en mi caso, ni reconocía. Un set de fotografía en el back de una oficina situada en el centro de Madrid se convierte, por unos minutos al día durante un año, en un espacio de intimidad y honestidad donde compartir experiencias, periplos y algún que otro chascarrillo.
En un sector tan fugaz, dinámico y aparentemente superfluo, vago y superficial, hablamos del fracaso, la amistad, la pasión, los miedos y la inspiración. Ponemos al servicio del arte final una pose que define absolutamente la diferenciación del individuo. Con el fin de recordar, obsesionar y poner en primer término a cada uno de los participantes de la serie dejamos que una naturaleza muerta – a la par que eficiente – resalte lo efímero de cada uno de ellos.
Una serie que resulta el destape y la insinuación de una ambición creativa que es posible que derive en un espacio de autorreflexión sin deberes ni obligaciones.
Lost and Found recupera las añoranzas y los objetos que nos definen desde el materialismo a la niñez sin olvidar que todos mantenemos una pose constante. Una pose desdibujada por la falta de claridad, más cercana a la visión de un miope y un brillo que rompe los límites de lo físico para confundirlo con lo mágico y fantasioso.
Gracias a todos lo que os habéis dejado retratar y a los que, sin juicio, me habéis permitido jugar.
Para los interesados, mi objeto es un sello familiar traído de Tokio que no solo me acompaña físicamente, sino también tatuado en un brazo, en cada libro que tengo y en cada carta que envío.