Cumbria es un condado situado al noroeste de Inglaterra. Zona principalmente de senderismo, es bastante cercana a esa imagen de postal de un lugar verde y pequeño que nos viene a la cabeza cuando nos imaginamos la parte rural del Reino Unido. Allí, frente al mar de Irlanda y dentro de la región de Allerdale, nos encontramos con Flimby, un pueblo de menos de 2.000 habitantes que no suele aparecer en ninguna ruta por el país y que tendría una relevancia relativa de no ser porque, desde 1991, alberga una de las fábricas más importantes de New Balance en todo el mundo.

Desde aquí sale toda la producción de la línea Made in UK de New Balance. La compañía lleva instalada en el país desde 1982, primero en una nave más modesta en Workington – Lily Hall, abierta por Jim Davis y su mujer Anne – y más tarde en Flimby, siete millas y media más al sur.

En 2022 celebraban cuarenta años de manufactura local, más que de sobra para haber convertido a un pueblo de la Inglaterra remota en una pieza absolutamente clave para entender la cultura sneaker contemporánea. Y allí fuimos para ver cómo se hace.

Lo que nos encontramos allí es un espacio en el que la artesanía y la innovación ocupan el mismo lugar. Trescientos trabajadores, treinta mil pares producidos al mes. Máquinas de costura modernas, controles de calidad cuidados al milímetro, muchos pasos automatizados y una cantidad sorprendente de gestos manuales en el corte de la piel y en el ensamblaje de las diferentes piezas de las zapatillas. Muchos procesos que en otros centros de producción se hacen de forma diferente, y que en Flimby sigue siendo el procedimiento habitual.

 

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Made in UK funciona, dentro del universo de New Balance, como un sello especial. La planta está asociada principalmente a la serie 99X y a las Allerdale, una recién llegada que ha sido nombrada con el nombre del propio distrito en el que se fabrica.

Por encima de cualquier discurso y narrativa, lo que tiene de especial Flimby es eso: un grupo de personas haciendo, con sus manos, muchas de las zapatillas más interesantes dentro del catálogo de un gigante como New Balance. La etiqueta que diferencia cada par no es decorativa, sino que responde a todo lo que ocurre entre las paredes de esta nave, al trabajo de las manos de gente que lleva décadas dedicada a ello, algo cada vez más difícil de ver.