Hace dos días tuvo lugar la Super Bowl de la moda, la gala Met. Y como dice Lorde… What was that?

El tema: fantástico. Un momento perfecto para celebrar — y dar el merecido reconocimiento que durante tanto tiempo se les ha negado — a la
comunidad negra dentro de la moda y su enorme influencia en la cultura global.

Era el momento ideal para destacar a pioneros muchas veces olvidados como Zelda Wynn Valdes, Stephen Burrows y, por supuesto, iconos como Dapper Dan, que hizo una aparición épica con un zoot suit como debe de ser ultra-oversize y cargado de simbolismo: evocando el desafío frente al racionamiento textil de la Segunda Guerra Mundial, y decorado con el pájaro Sankofa, un poderoso símbolo ghanés que habla de aprender del pasado.

Grace Wales Bonner hizo lo que mejor sabe hacer y Lewis Hamilton fue un sueño. Teyana Taylor, Zoë Saldaña y Rihanna también lo dieron todo. Un aplauso bien sonoro para ellas.

Pero aquí va lo importante: aunque el mensaje fue potente, no pude ignorar la falta de representación de diseñadores negros. Estamos en una época en la que creativos como Ib Kamara (Off-White), Maximilian Davis (Ferragamo), Olivier Rousteing (Balmain) y Pharrell (Louis Vuitton) están al frente de grandes maisons. Pero de alguna manera, parecía que solo había espacio para Pharrell – que, por cierto, fue quien diseñó los looks de womenswear para la gala. Me encantaría saber qué opina Nicolas Ghesquière de eso.

¿Dónde estaban Tolu Coker, Bianca Saunders, Feben, Thebe Magugu o Martine Rose? Recuerdo cuando Anna Wintour apoyó a Alexander McQueen y le dio la plataforma que necesitaba. Hoy necesitamos ese tipo de apoyo. Sí, la Met Gala es un evento benéfico. Pero también es un gran escaparate para los nuevos diseñadores. No es una cosa o la otra. Debe ser ambas.

Esta es la razón por la que me pregunto: ¿La moda ahora solo va de dinero? ¿La industria ha decidido que es más importante recaudar fondos y vender que amplificar voces creativas y únicas? Seamos realistas: solo unas pocas marcas (hola, Prada) están dando beneficios.

Prada es la prueba de que la creatividad lidera. Prada y Miu Miu están constantemente empujando los límites en siluetas, texturas e ideas. Siempre un paso por delante. Así que sí, la creatividad mueve el mundo.

No podemos seguir jugando al juego del “copy-paste”: las microtendencias agotan, todo el mundo hace lo mismo y nadie dice nada nuevo (y ojo, que hablo solo de las grandes marcas — los diseñadores independientes son los únicos que personalmente me interesan).

La historia nos demuestra que la moda responde a la economía —piensa en el Hemline Index de George Taylor en 1926, que sugería que las faldas se acortaban en tiempos de bonanza y se alargaban en recesiones. La moda es
reflejo, es reacción, y también revolución – debo mencionar la camiseta “PROTECT THE DOLLS” de Conner Ives – pero esta Met Gala transmitió… LOGOS.

Doechii con una cicatriz en la cara con el logo de LV, Hailey Bieber con un tatuaje de tobillo de cristal con el logo de YSL, Georgina Rodríguez con un tatuaje temporal de Vetements en el brazo… Y no es la primera vez para Vetements: la marca incluso montó una carpa de tatuajes en Coachella hace poco. Sí, EN SERIO.

¿Será esta la nueva LOGOMANÍA? Parece que volvemos a ser vallas publicitarias andantes como en los 2000. El logo grita porque las ideas no están hablando lo suficientemente alto y quizá esta sea la única forma de saber qué marca lleva cada celebrity.

La pregunta es: ¿los logos son ahora un truco para que nos sintamos emocionalmente cercanos y parte de una comunidad? Quizá eso es lo que necesitan las marcas: crear fans, no solo clientes. Porque seamos sinceros, eso es lo que necesitas si pretendes que la gente se gaste 2.500 € en un bolso que costaba 500 € hace una década. Los sueldos no se han multiplicado por cinco.

¿Son conscientes las marcas de que el 75% de las compras de lujo vienen de consumidores de clase media? Porque con esta estrategia de precios y de branding, están cortando la rama sobre la que se sientan. No todas pueden ser Hermès, así que sí: es hora de que la moda cambie su forma de hacer las cosas. Otra vez.