TOP 10

Daniel Chalmeta

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Top 10 de 2020 para Daniel Chalmeta, del equipo de Entertainment Partnerships de Facebook e Instagram:

 

1. UN AÑO RARO: INTROSPECCIÓN COMO MÁXIMA

Una pandemia global no es algo para lo que se nos haya preparado y los efectos a largo plazo ya los estamos empezando a ver con bastante claridad: estamos deprimidos, cansados de esta situación y afectados psicológicamente.

Pero también –creo– que 2020 nos ha ayudado a ganar claridad sobre las cosas y las personas a las que queremos dedicar nuestra energía en el futuro. Muchos sentimos que hemos perdido un año de nuestra vida, pero la verdad es que este ejercicio de reseteo nos ha venido bien para desconectar ese piloto automático.

En mi caso, he pasado mucho tiempo solo en casa, y he podido centrarme en aquello que me gusta y lo que no. Aquello que me hace crecer y me hace feliz. Así que he aprendido a valorar mi energía más que nunca y no hay nada que desee más en este mundo que dedicar mi tiempo a hacer lo que más se alinee con mi felicidad y mis propósitos internos.

Centrémonos en lo que nos hace crecer y nos hace felices. Y que le den a lo demás.

 

2. QUEDARME ATRAPADO EN SÍDNEY

Cuando toda esta pesadilla pandémica empezó a golpear España e Italia, en Londres todavía pensábamos que eso era un resfriado que se pasaba en unos días. Y yo tenía mi viaje a Australia preparado, dos de mis mejores amigos se casaban en Sídney y yo nunca había visitado el país. ¿Qué podía salir mal?

Pues bien, me quedé un mes y medio atrapado allí. Lo que viene siendo el punto más alejado del mundo de mi casa, mi familia y mis amigos. Y de esas ensaladas del Tesco que tanto me gustaban. Menudo drama.

He de decir que –pese a quedarme atrapado– en Australia, había pocos casos de Covid-19 y pude disfrutar de las dos primeras semanas con relativa normalidad.

Así que fue buen momento para pasar tiempo conmigo mismo, conocer nuevos amigos, atar algunos cabos y desatar otros.

Y luego volví a Londres con un vuelo especial de repatriación británico. Puestos a ser dramáticos: o todo o nada. Echen toda la carne al asador, oiga.

 

3. ASISTIR A UNA BODA EN LAS –CASI– ANTÍPODAS

El año pasado asistí a una boda ortodoxa en un castillo en medio de un bosque en Transilvania (Rumanía). Este año fue en Sídney, y siguiendo esta tendencia, el año que viene tendré otra en la Isla de Pascua o la Polinesia Francesa. Yo ya no sé.

Conocí a Laura y Matthew hace un par de años en Londres, y desde entonces se convirtieron en una familia para mí. Razón por la cual, fuese en Australia o donde fuese, no podía perderme su día más especial. Cuando decimos la trillada frase de ‘los amigos son la familia que se elige’, he de reconocer que no podría estar más de acuerdo.

Que sigáis así de felices –ahora– en Sídney. Os quiero mucho, y nos veremos pronto.

 

4. DESPEDIRME DE LONDRES

Cuando mi visado para vivir en Nueva York expiró en 2017, tuve que volver a Europa a la fuerza. Y lo que en un primer momento me tomé con cierta frustración, terminó siendo uno de los períodos más felices de mi vida donde puedo decir en voz alta que he crecido más como profesional y como persona. Y es que siempre pienso que una ciudad y su gente son algo que nos va a marcar para siempre.

Londres es una ciudad complicada, pero también es una ciudad que te acoge sin pedir nada a cambio y donde podría volver una y otra vez y seguir sintiéndome como en casa. Después de 4 años, puse punto final a mi etapa británica y devolví las llaves de mi piso en London Bridge que tantas historias tiene que contar – entre ellas que el último mes, un huracán arrancara nuestro techo. Ahora me río, pero en su día no lo hacía.

Gracias a toda esa gente que hizo de mis late-20s, la etapa más feliz de mi vida. Gracias por esos pícnics en Primrose Hill, a las tardes de domingo bailando en Mercato, a los “vamos a tomar algo por Soho y ya decidimos”, a The Garrisson donde hemos cenado tantas veces, a las noches en Island Café rodeado de mis mejores amigos, a las 500 “housewarmings” que asistí y sus otras 500 despedidas que tuvimos que hacer.

Y es que Londres es eso, es una ciudad de transición. Todos vienen y se van – pero algo de nosotros siempre se quedará allí.

 

5. DESCONECTAR (DE VERDAD) POR PRIMERA VEZ

El sticker de workaholic me lo debería de pegar en la cara. Y no, no siempre es algo bueno. Si me gusta lo que hago, me cuesta mucho desconectar y siempre que me he tomado vacaciones, he terminado conectándome a meetings con el equipo, mandando mails o respondiendo a clientes. Soy un caso aparte.

Hasta este año. En la transición de Londres a Madrid, pude disfrutar de un par de meses de vacaciones y, por fin, no tuve nada que hacer. También he de decir que una vez pasas la frontera de los 30, empiezas a darle más importancia a tu salud física y mental.

Además, las medidas Covid en verano fueron algo más laxas y todos nos animamos a viajar un poco – respetando las medidas de seguridad. Obvio. Y joder, qué bien me ha sentado no hacer nada y pasar tiempo con amigos y familia.

 

6. CUMPLIR AÑOS EN CAPRI Y POSITANO

Soy partidario que no hace falta tener mil planes para pasarlo bien si estás con la gente adecuada. Así que, sin una agenda preparada, mis amigos y yo nos fuimos a Capri una semana y media a pasar tiempo juntos. Y de paso, celebrar mi cumpleaños.

Navegamos hasta hartarnos, tomamos el sol todo el día en La Fontelina, disfrutamos de cenas en la terraza de casa con vistas a ‘I Fraglioni’, comimos burrata a diario y escuchamos mucha música italiana.

Todo tranquilo. Todo perfecto.

 

7. MUDARME A MADRID

Y después de vivir tantísimos años fuera, llegó agosto y me mudé a Madrid. Tampoco sabía a lo que atenerme, porque no fue un cambio premeditado. Simplemente ocurrió, pero es que es imposible no amar esta ciudad que siempre te acoge con los brazos abiertos.

Como decía Joaquín Sabina, inicio etapa en esa ‘ciudad invivible, pero insustituible’, y me quedan muchas historias por vivir y que contar aquí. Así que a partir de ahora ‘pongamos que hablo de Madrid’.

Gracias de corazón a todos los que habéis hecho que Madrid sea mi hogar desde el día uno.

 

8. SEGUIR ESCRIBIENDO POR UN CAMBIO SOCIAL POSITIVO

Es evidente que 2020 ha puesto todo patas arriba. Y para mí, más que nunca, ha sido ese momento para dar voz a mucha más gente. Creo que todos tenemos algo que compartir y todos debemos ser escuchados, por eso me dediqué a escribir sobre personas, problemas sociales o industrias que están abriendo nuevas conversaciones.

Temas como política, diversidad e inclusión, medioambiente, cambio social y salud mental han sido el eje gravitacional de los artículos que he escrito este año con la esperanza de poder crear conciencia sobre todos estos temas que tanto importan.

 

9. VALENCIA: DONDE IRREMEDIABLEMENTE SIEMPRE VUELVO

Los valencianos tenemos un sentimiento incondicional que nos une. Todos hemos tenido nuestros más y nuestros menos con la ciudad, pero siempre volvemos y nos apoyamos los unos a los otros. Es ese concepto tan valenciano llamado ‘germanor’ al que siempre hace referencia mi amiga Patricia.

Con tanta restricción, Estado de alarma y clima apocalíptico, tuve muy claro donde quería quedarme. Valencia: eres luz, eres sol, eres paz y alegría. Pero, sobre todo, Valencia es azul. Ese azul –tan azul– al que deberíamos dedicarle un color.

Y voy a seguir volviendo todo lo que pueda. Salvo que Renfe continúe subiendo los precios. En ese caso quizás me salga más barato irme a las islas Mauricio que bajar a Valencia.

 

10. MI BANDA SONORA DE 2020

He escuchado mucho R&B este año, así que no me puedo quedar con un álbum y os voy a dar varios. Espero que os guste alguno tanto como a mí.

Black Atlass – Dream Awake

DVSN – A Muse in Her Feelings

Josh Levi – Disc One

THEY. – The Amanda Tape

Gracias 2020. Has sido un año caótico, pero has organizado muchas otras cosas.